“Perseo”. MD. 6a+. 310m

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Hay modos de hacer montaña que recuerdan a épocas pasadas, cuando la información era escasa y la aventura no consistía solo en la escalada, sino que comenzaba en el inicio del camino, intuyendo el lugar donde se quería llegar, pero desconociendo la forma y la duración del trayecto a realizar.

“Perseo” se abrió hace tan solo unos días. La Tejea nos sorprendió con un inesperado haz de agua brava, fruto de las primeras nieves caídas en el alto Gredos. El estrépito continuo del torrente rompió el silencio de una noche cerrada en la que la luna nos saludó con una silueta finísima que recordaba el filo de una hoz y consecuencia de esa ausencia de luz, centenares de bombillas iluminaban estos cielos puros que el hombre actual ya ha dejado de ver.

Eran las 5.45 de la madrugada cuando comenzamos a caminar ayudados de los frontales en busca de las primeras curvas de la vereda. El brusco ruido producido por la huída de un animal a través de la hojarasca, sirvió para que emitiéramos algún susurro de admiración en nuestro tránsito a través de la imperceptible senda recubierta con las hojas muertas de los robles y castaños en su otoñada.

Al llegar a los Chozos del Tío Domingo, aún de noche, recordé las entrañables conversaciones que mantuve con Javier Arteche, la persona que inspiró al grupo que hizo las primeras exploraciones alpinas del entramado de Peña Chilla y artista que creó a plumilla los primeros dibujos descriptivos de las paredes.

Tras cruzar el torrente bajo los chozos y remontar parte de las primeras lomas, comprobamos la imposibilidad de ascender por la canal separadora de la cumbre central y la norte de Peña Chilla, ello se debió a la humedad de alguno de sus tramos. Esta circunstancia nos obligó a trepar por un largo y discontinuo espolón rocoso que nos dejó a un centenar de metros por debajo de la base del último pilar de la escalonada cumbre central.

Cuando creíamos que tras repetidos intentos, no podríamos descender a la canal, la montaña, in extremis, nos marcó un camino fácil de descenso entre rocas y hierba que nos dejó en el punto que inicialmente queríamos, la base del gendarme inferior de Peña Chilla Norte, eran las 9. 15 de la mañana.

Unos minutos más tarde, con el frío instalado en la sombría canal, comenzaríamos la escalada, tarea que se prolongó hasta pasado el mediodía, hora donde el sol hizo valer las bondades de los veranillos de noviembre, permitiéndonos escalar los últimos tramos en camiseta de manga corta, circunstancia que agradecimos.

“Perseo” no pasará a la historia de las grandes vías gredenses debido principalmente a la falta de continuidad de su trazado, pero para sus aperturistas, este pequeño sueño, supuso trece horas de actividad continua, de exploración gredense en pleno siglo XXI, una manera distinta de hacer montaña en la que las motivaciones tradicionales volvieron a tomar forma y cuerpo.

“Perseo”, constelación boreal cercana a Casiopea… una creación de Manu San Segundo, Juan Villar y David de Esteban Resino.

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APROXIMACIÓN Y RESEÑA DE LA VÍA          

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PERSEO

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