Aconcagua. Historia de un Belén.

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“No hay gloria más efímera que la fama y el dinero, ni instante más sublime que una cima conseguida con el propio esfuerzo”

Juan Manuel Maestre.

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Aconcagua. Vista general desde las cercanías del campo base de Plaza de Mulas.

ACONCAGUA… HISTORIA DE UN BELÉN

Contento pero a la vez muy cansado, caminaba despacio pero sin elegancia mientras divisaba el cascarón naranja que hacía las veces de refugio de la policía de la Patrulla de Montaña de Mendoza.

Era media tarde, llevaba más de tres horas descendiendo desde la cima de la montaña a través de la nieve que cubría el Gran Acarreo sin pasar previamente por la zona de Berlín.

Como a un centenar de metros antes de llegar a la tienda, percibí la figura de un hombre arrodillado junto a una roca, creo que era uno de los dos policías que tal vez habría subido desde Plaza de Mulas.

En silencio, me fui acercando, pero finalmente no llegué a su posición. Desde la lejanía, a cinco mil cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, comprendí qué estaba haciendo, era el 22 de diciembre de 2007.

Probablemente llevaría un tiempo alejado de su familia, de sus amigos… como yo.

Creo que fue la primera y única vez que he presenciado un momento tan tierno en la montaña. No sé cuáles eran sus motivaciones, qué diría, a quién se dirigía, pero no había duda de que estaba rezando, esa opción interior que ha dejado de ser común en la mayoría de los adultos.

Llegué a mi tienda y decidí empezar a recoger. A pesar de la alegría que tenía de estar en ese magno paraje llamado “Nido de Cóndores”, el cansancio acumulado y los dolores torácicos, me aconsejaban bajar, quería descender hasta Plaza de Mulas en ese mismo día y si podía ser, antes de que me alcanzara la noche en Cambio de Pendiente o en las inmediaciones de Plaza Canadá.

Era principio de temporada, Cóndores estaba desierto. Había solo un par de tiendas en la lejanía cuyas lonas se movían por la acción de un viento gélido que anunciaba la caída de la tarde. Debajo de mi posición, se erigía el Cerro La Mano y en el fondo el Mercedario, otra montaña que se pone de puntillas para rozar los seis mil setecientos metros de altura.

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Nido de Cóndores. En el centro al fondo, el Cerro Mercedario. A la derecha asoma la pirámide nevada del Cerro La Mano.

Un par de horas después, tras haber descongelado un poco de nieve, haber tomado dos sobres de sopa caliente y desmontado la tienda, me puse en marcha. Mi mochila estaba a rebosar. Las botellas de plástico colgaban en el exterior y se golpeaban entre sí saltando por encima de la esterilla, debido al azote de unas ráfagas de viento no demasiado poderosas pero sí molestas.

Orienté mis pasos hacia Mulas y a unos quince metros de mi tránsito, a la derecha, estaba la roca. Paré, resoplé, e hice el esfuerzo de acercarme.

Debían de ser las siete de la tarde. Me estaba despidiendo de esta montaña que ya había visitado dos años antes. Muy probablemente fuera una despedida para siempre, el final de una relación con la que había soñado desde mi juventud.

El sol, algo mortecino, iba debilitándose tras el Cerro Catedral y se perdía en la lejanía de las montañas chilenas. El silencio era sobrecogedor, nadie alrededor.

Debajo de la roca, como en una pequeña cueva, a más de cinco mil metros de altura, cinco figuras pequeñas de plástico estaban en posición de pie, aunque todas no, ya que la mula permanecía apoyada lateralmente junto a una piedra pequeña.

No tuve más remedio que parar. Las costillas me dolían tras un esfuerzo físico que había comenzado en este mismo sitio a las cuatro de la madrugada. Quería descender y hacerlo rápido, pero a pesar de ello, decidí quedarme unos minutos en el lugar.

Tremendamente consciente y reflexivo, fui invadido por una amalgama de recuerdos infantiles, de esa época en la que el corazón aún no estaba endurecido. En mi interior, como si de la visión de un cortometraje se tratara, se hicieron presentes las imágenes de las trepadas a los álamos de la iglesia de Hinojosa, las castañas asadas en la casilla del canuto, las partidas de brisca al calor de la lumbre junto a mi abuelo, las carreras por las estrechas calles del pueblo…

En silencio, junto a un humilde portalito de Belén, envuelto de una atmósfera sacra, acompañado de la solemnidad de las rojizas paredes de la cara norte del Aconcagua, rodeado de los altares más puros y grandiosos de la tierra, las montañas, y a las puertas de una nueva Navidad, volví a rezar, aunque a diferencia de cuando era pequeño, sin saber muy bien cómo hacerlo, pero con la sensación interna de estar siendo escuchado y a la vez comprendido.

uuuuu

Mi pequeño hogar en Nido de Cóndores.

Feliz Navidad.
Un abrazo para todos los lectores.
El blog retomará su actividad pasado Reyes.

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16 pensamientos en “Aconcagua. Historia de un Belén.

  1. …”caminaba despacio pero sin elegancia”…menuda elegancia tienen tus palabras y cuántos caminos descubiertos.
    Gracias por compartirlos David.
    Un abrazo. Felices fiestas.

  2. Gracias por esta historia, David. Como siempre tus palabras nos llevan de la mano a la más hondo del corazón, pasando por las montañas, claro.

    ¡Felices fiestas!

    • Hola Jesús. Un placer recibir un mensaje de tu parte. Me alegra que estos pequeños relatos te gusten. Te envío un fuerte abrazo y te confirmo que para el año que viene, mis compañeros me han convencido para celebrar mis “bodas de plata” en el M.A.M, espero que nos veamos por allí.
      Un fuerte abrazo.

      • El año pasado hice “pellas” en el MAM (hicimos un MAM “pirata”, ya te contaré) pero si vas a ir no puedo faltar 🙂 Ya buscaremos la manera de hacer juntos algún entrenamiento en Guadarrama o Gredos.

        Un abrazo, querido amigo, y disfruta de estos días.

      • Hola Jesús, que me he equivocado, que no me voy a apuntar al MAM, me voy a inscribir en el MAPOMA, que confundí las siglas. EL MAM lo hice en cinco o seis ocasiones, pero ahora me daría un poco de miedo por mis rodillas. El MAPOMA nunca lo corrí por el precio elevado de la inscripción, pero en esta ocasión me han convencido. Un fuerte abrazo

  3. Gracias David por tu felicitación de Navidad. Como siempre, tus dibujos y tus relatos cargados de entusiasmo, nos transmiten tu amor a las montañas.
    Felices Fiestas y que el próximo año nos sigas contando tus historias.
    Un abrazo: Galagua.

    • Hola Galagua.
      Encantado si los relatos os gustan y os llegan. Muchísimas gracias por participar en el blog. Espero poder seguir yendo a estas montañas que nos dan tanto y poder plasmar todo aquello que de ellas recibo.
      Un abrazo. David.

  4. Gracias por compartir tus relatos,que sigas cumpliendo todos tus sueños ,compartiéndolos y nosotros seguiremos disfrutando de ti ,un abrazo y Feliz Navidad a ti y a todos tus seguidores

    • Hola Álvaro.
      Muchas gracias por el comentario. Espero que los sueños podamos seguir compartiéndolos como hasta ahora y tengamos muchas oportunidades de hacer montaña juntos.
      Un abrazo grande y hasta pronto.

  5. ¡Que bonita historia David! La naturaleza es mágica y llena de sutiles señales. El ser humano es una increible máquina, que a pesar del cansancio, es capaz de captar esas señales y viajar en el tiempo para retomar costumbres olvidadas. Gracias por tan bonita felicitación navideña. Me ha encantado.

    • Hola Elena. Muchísimas gracias por tu comentario, me alegra mucho que te haya gustado la felicitación, como ves todo “artesanal”. Espero que pases unas felices fiestas. Un fuerte abrazo. David.

  6. Hola David, muchas gracias por las felicitaciones de Navidad, realmente tus relatos me conmueven por tu sencillez y gran corazón y gracias por la crónica que escribiste en el blog, ” el poder de la ilusión ” Me encantó, pero creo que esas jornadas de montaña también se deben en parte a ti.
    Feliz año.
    J.Luis

    • Hola José Luis. En primer lugar agradecerte tus palabras. La crónica que escribí sobre las Jornadas de Montaña de Sonseca quiso ser el agradecimiento que sentimos muchos por la gran labor que hacéis al organizarlas. En alguna ocasión, en Toledo, he tratado de organizar un acto semejante y soy consciente de la gran cantidad de circusntancias que hay que superar para al final ver configurado el cartel.
      Te envío un abrazo grande. Féliz Navidad. David.

  7. Gracias David, por compartir tus ascensiones interiores. Alcanzar las cimas más altas de tu Ser mientras desafías y acaricias la superficie de unos lugares vetados a la mayoría de los mortales, es un bello y sublime Camino. Lleno de pureza y verdad, no dejes de andarlo. Feliz Navidad. Un abrazo.

    • Hola José Antonio. Muchísimas gracias por tu comentario. Como ya hemos comentado alguna vez, la montaña siempre es generadora de vida y da para mucho, pero la montaña está al alcance de todos, las hay más altas, más bajas, más difíciles o más sencillas, pero siempre da, todo depende de la disposición de quien se acerca a ellas. Te deseo una feliz Navidad. Un fuerte abrazo.

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