La ciudad sintética

Instantánea III. “La ciudad sintética”

Llegué a primera hora de la mañana.

Como forastero que era, estaba algo desconcertado, sin saber bien dónde tenía que ubicarme.

Tras preguntar por aquí y por allá, al final encontré a Raquel. Me recibió con una sonrisa y me extendió su mano en señal de bienvenida. Al apretar mi mano sobre la suya percibí de inmediato una mano áspera, rota, trabajada y caí en la cuenta de que a pesar de la dulzura de su expresión y sus rasgos de feminidad, era una mujer que no miraba de lado cuando había que enfrentarse al trabajo duro del campo base.

Con el paso de los días entendí las razones por las que su presencia a los pies del Aconcagua era imprescindible. Pasara lo que pasara, su máxima era: “Siempre, un paso al frente”. Ella era una de las piezas clave para mantener el orden y la armonía de esa “ciudad sintética” llamada “Plaza de Mulas”.

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