Los últimos combatientes

No conocí a Nicolás.

Benito era de figura espigada, rostro amable y manos desgastadas…

Solía vestir con pantalones de pana, camisa de franela y siempre llevaba un sombrerito que daba un toque de elegancia a su vestimenta de trabajo.

No tuvo posibilidad de estudiar y no llegué a saber si en su vida entendía de pocas cosas… o de muchas…

Su día a día era sencillo, tal vez aburrido para el pensamiento urbanita actual. Su vivencia de las cosas era muy rudimentaria y su espacio vital se reducía al término municipal del pueblo, a decir verdad, no necesitaba más.

Durante el día se le veía con su pequeña estrala bajo el brazo. Cuidaba de las gallinas y de los burros, ordeñaba a mano las vacas lecheras, injertaba frutales, labraba en su huerta y recogía frutos silvestres de la montaña. Por las noches organizaba en casa una tertulia informal con sus amigos, al tiempo que tomaban alguna pasta o algún trago del botijo o del porrón al calor de la leña de encina que se consumía lentamente en “la lumbre”. Ésta era su vida.

Vivía con una ridícula pensión, pero a pesar de ello, economicamente se sentía un afortunado y nunca le escuché quejarse, no creo que perdiera energías en querer tener más.

Pero también sufría. Sufría cuando no llovía, cuando sentía que el campo lloraba de sequedad y a los animales padecer para beber…creo que no le obligaron a hacer ningún curso moderno de sensibilización ecológica, pero de una manera natural había desarrollado un sentimiento de pertenencia radical al monte, a los árboles, a los arroyos, a los animales… eran su vida.

Cuando intuía que se aproximaba la fecha, esperaba con impaciencia la llegada mensual del bibliobús para tomar prestado algún libro con el que entretenerse en sus ratos de soledad en el campo y esto lo compaginaba con la talla de pequeños yugos, carros, bueyes, cencerros y otras creaciones de madera que labraba con maestría con su afilada navaja mientras escuchaba las noticias en su pequeño transistor.

Solo había salido del pueblo, a pesar de su voluntad, para combatir en las montañas de León, las de Orense y en las de la Sierra de Guadarrama. Sobre éstas últimas se afanaba en explicarme  cómo era el invierno en el Peñalara…

¿Tú conoces el Peñalara? me decía frecuentemente, siempre con la misma pasión, y una vez más, detallaba cómo era la vida en esos interminables días en los que permaneció en esos lugares.

Hablaba del Bierzo, de los peces del río Órbigo o de las laderas de Guadarrama con una intensidad y pasión semejante a la de cualquier alpinista que se ha ido a un lugar remoto de la tierra a escalar una gran montaña. Con el paso de los años me resulta doloroso no haberle escuchado más.

“Los últimos combatientes” se dedicó a la memoria de Benito Esteban Resino y Nicolás Árias, nuestros abuelos. El destino hizo que ambos combatieran en la Guerra Civil en las posiciones de Peñalara aunque en diferentes bandos.

Imagen desde el cuarto largo, tras acabar el diedro.

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8 pensamientos en “Los últimos combatientes

    • Hola Raúl.
      Desde ayer ya tengo el visto bueno del médico para empezar a enredar…
      Espero que coincidamos pronto para hacer algo por la sierra.
      Mañana he quedado para comprar un charlet moser pulsar de segunda mano para completar uno suelto que tengo… mira que lo mismo me da por…
      Un abrazo y suerte con la Escuela.
      David.

    • Hola César.
      Me alegra mucho que el blog te guste. Muchas gracias por participar en el mismo.
      Como hablamos ayer, en cualquier momento podemos coincidir para disfrutar donde de verdad hay que hacerlo.
      Un abrazo.
      David

  1. Es un precioso homenaje a nuestros mayores. En estos días en los que sin un smartphone no eres nada es cuando más tenemos que reivindicar la charla sosegada pero apasionada, la lumbre, las tallas de madera, los tragos de un porrón rodeado de amigos y la pasión por la naturaleza, por la montaña, por la vida.

    Gracias por compartir estos recuerdos. Ah, y me encantan tus carteles, David. Eres un auténtico artista.

    • Hola Zero.
      ¡Qué agradable sorpresa verte de nuevo por aquí!.
      Es verdad que con este tipo de vida que a veces vivimos se ganan cosas y se pierden otras… A veces no sabemos lo que es mejor.
      Me alegra de verdad que sigas el blog, siempre guardo un grato recuerdo tuyo.
      Si en alguna ocasión te apetece venir por Toledo a pasar un día tranquilo, no dudes en avisar, será un placer poder compartir un buen rato.
      Un abrazo y hasta pronto.
      David.

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