Patagonia. Península Valdés.

¿Quién no ha oído alguna vez hablar de Patagonia?…

¿Quién no deseó alguna vez pisar sus enigmáticos parajes?…

Conocí a Pablo Passera muy lejos de su lugar natal, muy lejos de Patagonia, en Qassiarsuq, Groenlandia.

Me nutrí del enorme placer de trabajar durante dos veranos a su lado. De él aprendí a manejar un kayak de mar con cierta soltura. A utilizar, reparar y cuidar los hornillos MSR, tan necesarios e insustituibles en los viajes sin asistencia de larga duración. Juntos pescábamos a diario para poder dar alimento fresco a nuestros viajeros. En el mar  pescábamos bacalaos con caña y cucharilla. En los riachuelos de montaña, capturábamos truchas árticas con nuestras manos cuando estaban escondidas debajo de las grandes piedras, siempre calculábamos el número de ejemplares, una por cada dos viajeros, nunca pescábamos por el placer de pescar y poníamos el máximo de cuidado para no dejar ninguna trucha herida. Poco a poco fuimos educándonos en abastacernos de lo que la naturaleza nos daba pero con la máxima pulcritud y cuidado posibles.

Pasamos algún “foem”  juntos, aguantamos alguna plaga de mosquitos, dormimos sobre la tundra dentro del tippy muchas noches, recorrimos fiordos con los kayaks, subimos montañas de un verde infinito y soledad eterna…padecimos el frío, la humedad, el viento… y nuestros pechos se ensancharon con la contemplación de los icebergs, los glaciares, los paisajes carentes de presencia humana… vivíamos de una manera sencilla, sin asistencia, con la única compañía de los viajeros que nos habían encomendado y a los que nos dedicábamos con entusiasmo la casi totalidad del día..

Tras este prolongado contacto en tierras del norte, volví a Argentina por tercera vez, pero en esta ocasión, lejos de las montañas. Volví para estar en la Patagonia atlántica, en Puerto Pirámides, Penísula Valdés.

En esta ocasión, estuvimos juntos durante tres semanas, alejados de las  montañas pero nutriéndonos del mar y de los paisajes de la tierra patagónica, de la tierra que llora de sequedad, de los paisajes del infinito marrón, aparentemente carentes de vida pero que encierran un encanto enorme para aquellos que miran con otra mirada…

Península Valdés, contraste de mar y tierra, de azul y reseco litoral, de ballenas y lobos marinos, de pingüineras, de soledad y vida…

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La Restinga, cerca de Puerto Pirámides, donde las colonias de lobos marinos descansan en esta reserva de fauna marina.

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Las aguas patagónicas del Átlántico se muestran nerviosas debido al viento generalmente presente.

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Los lobos curiosamente no se asustan ante la proximidad de los kayaks

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La belleza de lo simple…Lobos marinos.

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El descanso

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Es seguro que todos tenemos algún libro que de un modo u otro ha puesto una gota de alegría, de esperanza, de sosiego a nuestro alma…

Cuando recibí el regalo de “Dinosaurios. Relatos y Sueños de un Guardafauna”, empecé a leerlo de manera pausada, sin querer consumir los capítulos con prontitud, porque no es un libro para leerlo rápido y guardarlo…  De sus páginas manan los sentimientos de aquel que durante muchos años estuvo mamando la sencillez y la armonía de los paisajes patagónicos de la costa Atlántica.

Ya en la bella dedicatoria, Carlos Passera, padre de Pablo escribe:

“Sí, vos sos un dinosaurio…”. “Sí, vos, el -gordo de las ballenas-, y tantos otros que se repliegan buscando los últimos rincones puros de la tierra, son dinosaurios. Están condenados a la extinción porque sueñan con un mundo ideal que languidece”.

En el capítulo “La visita de un gigante bueno”, con delicadeza en su trato con el visitante, “el gigante”,  Carlos escribe:

“Por una necesidad de contraste, hablé con él de la naturaleza, de los ámplios espacios, de la convivencia con los seres simples, de la armonía con las criaturas salvajes, de la intransferible experiencia de vivir cada día en contacto con la vida”.

Sencillamente, gracias, Pablo y Carlos.

Si te apetece, puedes ampliar la visión sobre estos territorios en la página web de Patagonia Explorers, la agencia de Pablo.

http://www.patagoniaexplorers.com/

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2 pensamientos en “Patagonia. Península Valdés.

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