Pilar de Hinojosa. “Amistad”

Ayer fue un día “bipolar”, con dos fases claramente diferenciadas.

Por la mañana, Aleja y yo, estuvimos en Villarejo haciendo la vía “Los cantos de cuenterbury” en Punta Ámparo…

Por la tarde, volví al pueblo donde nacieron mis abuelos, nacieron mis padres, viven mis tíos…

Hace una semana, la acción de un desaprensivo, eliminaba de forma fulminante, en pocas horas, la mitad de la masa forestal del término municipal de Hinojosa de San Vicente. Todo el espacio situado en el extremo oriental del pueblo ha quedado absolutamente calcinado, impregnado de un tono gris ceniza tan difícil de restaurar como lo va  ser el ánimo de la gente que vive en el pueblo, especialmente las personas mayores.

Casi al anochecer, viendo el “Puente del Águila”, “El Baillo”, “El Garguizo” o “Las Lanchillas”, mis pensamientos se cargaban de recuerdos y de vivencias, de flashes de mi niñez y juventud, cuando de viernes a domingo siempre íbamos al pueblo tras haber pasado la semana en la ciudad.

Allí, junto a los primos y amigos, aprendí a subir a las piedras y a los árboles, nuestros “colúmpios”. Aprendí a saber cuándo una gallina estaba a punto de poner un huevo o a cortar el cordón umbilical de nuestros cerditos al nacer, era nuestra “granja escuela”. Fue allí donde aprendí a valorar la importancia de cada gota de agua cuando veía los caños y los arroyos secarse a medida que llegaba el estío y al ganado teniendo dificultades para beber…

En Hinojosa corríamos por los campos, cazábamos ratas en los pajares, nos refrescábamos en albercas llenas de vegetación y agua putrefacta, cogíamos alguna sandía del huerto de algún familiar, tocábamos a mano las campanas de la iglesia… y así, entre carretillas, sacos de pienso, leña, bicicletas, animales y manos sucias, fuimos creciendo de manera ordenada y a la vez salvaje.

Entrado en la juventud, también fue allí donde Aleja y yo empezamos a escalar… Los “Cantos de la Cobertera” o el “Canchón del Risco” fueron nuestro terreno de aprendizaje… allí empezó a fraguarse una historia de amistad que ha perdurado de manera serena a lo largo de los años.

Hace algunos meses, quisimos rendir un pequeño tributo a nuestro pueblo y no encontramos mejor manera que encontrarle un sitio en Gredos. En los Riscos de la Cabrilla, en su zona alta,  abrimos una vía en un contrafuerte que lo denominamos “Pilar de Hinojosa”.

Espero que el campo vuelva a recobrar algo de la vitalidad perdida… y aunque parezca una barbaridad decirlo, lo único bueno de la ausencia de mis abuelos varones, es que no hayan tenido que pasar el trago de ver calcinado ese territorio para el que vivieron.

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Aleja y David en 1988 en la cumbre del “Canchón del Risco” (Hinojosa de San Vicente), tras realizar una apertura de una vía de 9o metros y IV grado que no tiene nombre, porque en aquella época en la que encargábamos el material a alguno que viviera en Madrid, ni siquiera sabíamos que a las vías había que ponerlas nombre.

Imagen inferior: Croquis del Pilar de Hinojosa, en los Riscos de la Cabrilla… veintitrés años más tarde.

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